Como se lo montaron dos hermanas

Autor : Ginecologa

Elsa y Rosa son dos hermanas cubanas nacidas de la misma madre pero de diferente padre. La madre, que era de raza blanca, tenía veintiséis años cuándo quedó embarazada de Rosa. Antes había tenido otros cinco hijos, todos ellos mestizos y los cuatro primeros varones. A cuenta de diversas infecciones vaginales que, sin haberlas tratado, padecía desde hacía bastante tiempo el parto se complicó y los médicos decidieron salvar a la niña. Al fallecer su madre, la abuela se hizo cargo de sus hijos.

A pesar de ser hermanas no tienen mucho parecido físico y son muy distintas. Elsa, la mayor, es alta, delgada, sumamente atractiva y con un cuerpo muy bien proporcionado mientras que Rosa, que es dos años más joven, es más bien bajita, rellenita, guapa y está dotada de unas tetas impresionantes mientras que al contrario que el de Elsa, que es muy apetitoso y bonito, tiene un culo algo más voluminoso.

Ambas vivían en Santiago. Aunque a ninguna de las dos las gustaba, su abuela las obligó a acudir a la escuela donde aprendieron a leer y a escribir. Pero Elsa era muy amiga de las fiestas y los saraos y a los trece años, al morir su abuela, decidió dejar la escuela para “echarse a la calle” con el propósito de subsistir dedicándose a atender al turismo sexual que, cada día en mayor volumen, llegaba a la isla lo que la permitía obtener dinero para comprar comida y ropa. En principio se unió a su hermano mayor y ambos tuvieron bastante éxito ya que era raro el día en que una pareja, generalmente de mediana edad, no se interesaba por hacerse con sus servicios para que su hermano se follara a la mujer mientras el hombre se “cepillaba” a Elsa pero, meses más tarde, su hermano decidió irse a La Habana, donde existía una mayor demanda femenina, dejándola sola. A los quince años quedó preñada por primera vez pero perdió al crío a cuenta de la descomunal paliza que la dio uno de sus clientes al negarse a beber íntegra su meada lo que, en determinadas zonas rurales de Cuba, es algo así como un sacrilegio al considerar que no debe de desperdiciarse nada que salga de los cuerpos del hombre y de la mujer durante el acto sexual. Dos años más tarde y al igual que su madre, tuvo su primer hijo que parece asma lo que origina que tenga problemas de salud bastante continuados y que nació de su relación con un turista que abandonó la isla sin saber que la había dejado en estado. Un año más tarde y tras haberse relacionado sexualmente con él durante algo más de dos meses, comenzó a vivir con un hombre que, además de estar separado, la doblaba la edad pero que aceptó de buen grado a su hijo. Al igual que Elsa, la única fuente de ingresos del chico era el ponerse a plena disposición de las turistas femeninas que llegaban a Santiago y contrataban sus servicios ya que tenía fama de ser un gran semental y que la que la mujer que se liaba con él no salía de la habitación del hotel por lo que volvía a su país de origen saciada de sexo. Su relación, sobre todo en el terreno sexual, fue casi perfecta durante año y medio pero, cuándo Elsa volvió a quedar preñada, el chico no soportó que, a cuenta del embarazo, se redujera de manera considerable su deseo sexual y después de ultrajarla continuamente, incluso en público, decidió abandonarla para, como había hecho el hermano de Elsa, irse a La Habana en donde conoció a una turista americana con la que, tras pasar un par de semanas de intensa actividad sexual, se fue a Estados Unidos. Elsa, al verse abandonada, intentó poner fin a su vida pero lo único que consiguió fue perder al que hubiera sido su segundo hijo. Con veintiún años volvió a quedar en estado pero, en esta ocasión, el embarazo estuvo lleno de adversidades y el crío nació prematuramente y con varias deficiencias físicas falleciendo a los pocos días a causa de una meningitis. El padre, que era americano, conmovido por el estado en que quedó Elsa tras perder al niño, decidió convertirse en lo que en Cuba llaman “un padrino” y después de que Elsa aceptara una especie de compromiso para seguir acostándose con él de manera regular dejándose hacer todo tipo de guarradas a cambio de alojamiento, comida y ropa, la llevó a Estados Unidos donde, unas semanas más tarde, la realizaron una ligadura de trompas. Después de vivir juntos durante más de dos años decidieron volver a Cuba donde su protector no tardó en liarse con una adolescente y completamente entusiasmado con la cría, comenzó a permitir que, a cambio de dinero ó de ciertos favores, fueran sus amigos los que se la follaran. Elsa, harta de beberse el pis, comerse la mierda y recibir en su interior la leche de los amigos de su “padrino”, decidió escaparse para regresar a Santiago donde, una vez más, tuvo que dedicarse al turismo sexual para subsistir.

A Rosa también la gustaban las fiestas y el sexo. Para esto último se encontraba especialmente predispuesta por el hecho de que, al no disponer de dinero para comprarlo, no usara sujetador lo que hacía que, se pusiera lo que se pusiera, se la marcaran a la perfección en la ropa tanto sus voluminosas tetas como sus pezones. Cuándo falleció su abuela tenía once años. A los trece dejó la escuela y en solitario, comenzó a dedicarse a atender al turismo sexual viendo que a un buen número de los hombres con los que se relacionaba les gustaba echarla la leche en sus tetas después de que Rosa les chupara el rabo ó les hiciera una paja. Su carácter abierto, risueño y simpático, la ayudó a olvidarse de las fiestas y del sexo para, con poco más de quince años, comenzar a trabajar, como sirvienta interna, en la residencia de uno de los pocos dentistas existentes en Santiago que, sin casarse con ninguna de ellas, había vivido con tres mujeres y con todas había tenido hijos, dos con la primera que falleció en su último parto; otros dos con la segunda a la que el hombre echó de casa cuándo le indicó que como no deseaba tener más hijos debía de evitar correrse dentro de su coño cuándo la penetraba vaginalmente y tres con la que, en aquel momento, se estaba acostando que era una joven que acababa de cumplir veintidós años cuándo Rosa entró en la casa. Durante casi tres años su labor se limitó a cumplir con su cometido que, mayormente, consistía en atender a la múltiple y variada prole del hombre y ayudar en las labores de limpieza. Pero el día en que Rosa cumplió dieciocho años el dentista la felicitó muy efusivamente, la besó en la boca y la “metió mano” delante de la mujer con la que vivía. Desde aquel día se convirtió en habitual que la tocara varias veces al día y que, siempre que le era posible, la acompañara al water cada vez que la chica lo visitaba para, después de verla mear ó cagar, masturbarla ya que le gustaba que se corriera con tanta facilidad, intensidad y rapidez. Finalmente, la aconsejó que mantuviera abierta la puerta de su habitación para, algunas noches, poder acostarse con ella y follársela a conciencia. El que el hombre se corriera siempre inmerso en un gusto muy intenso en el interior de la almeja y del culo de Rosa sirvió para que esta no tardara en convertirse en su ayudante en la consulta a la que, mayoritariamente, acudían mujeres. El dentista afirmaba que a muchas de ellas las cobraba sus honorarios en especie ya que, en cuanto entraban en su consulta, las proponía que se desnudaran para que, tras quedarse con su braga que almacenaba en grandes cajas de cartón, le chuparan el rabo antes de que, mientras llevaba a cabo su labor profesional, las tocara a conciencia y al acabar, las masturbara repetidamente con sus dedos al mismo tiempo que las féminas se ocupaban de moverle el rabo. Muchas de ellas, impresionadas por el descomunal tamaño del rabo y la gran cantidad de leche que echaba, se dejaban follar anal y vaginalmente en una cama que tenía emplazada en la consulta lo que daba origen a que más de una pasara la mayor parte de la mañana ó de la tarde en ella mientras el resto de los pacientes esperaba pacientemente, cosa a la que en Cuba deben de estar acostumbrados. Las más viciosas quedaban con él para poder repetirlo por la noche en una vivienda que el dentista tenía desocupada y que usaba como “picadero”. Rosa, además de estar presente en casi todos los contactos sexuales que llevaba a cabo en la consulta, aunque sin tener que intervenir activamente en ellos y de permitir que se la “cepillara” las noches en que no tenía plan con la mujer con la que vivía ó con alguna de sus pacientes, inició con él una relación llena de abrazos, besos, masturbaciones y sobamientos mutuos a lo largo del día mientras que por la noche mantenían unas intensas y largas sesiones sexuales. Aunque cada vez era más normal que el hombre empleara la mayor parte del tiempo de sus contactos en darla por el culo ya que le gustaba que la chica se meara y se cagara varias veces mientras la enculaba, Rosa acabó quedando preñada. El dentista, que en aquellos momentos estaba pensando en deshacerse de la mujer con la que vivía, que le había dado sus tres últimos hijos y volvía a lucir un voluminoso “bombo” aunque en el parto el crío nació muerto, con el propósito de sustituirla por una de sus más jóvenes pacientes, no quería verse envuelto en más problemas por lo que, tras prometerla que durante un tiempo la mantendría sin trabajar residiendo en el piso que usaba para llevar a cabo algunos de sus encuentros sexuales nocturnos, logró que Rosa dejara que un amigo suyo la practicara un aborto ilegal que, aunque se desarrolló con normalidad y sin la menor complicación, la deprimió. El dentista continuó follándosela regularmente pero Rosa, aunque se dejaba hacer, no colaboraba como antes y empezó a sentir asco cada vez que sentía caer en su interior la leche del hombre que, en cuanto comenzó a vivir con su joven paciente, la dejó de lado por lo que Rosa decidió no trabajar más para él y volver a dedicarse al turismo sexual donde se especializó en los llamados “masajes anales”. Pero como no conseguía borrar de su mente el recuerdo de su relación con el dentista, un año más tarde volvió a su lado. La joven con la que vivía acababa de dar a luz al octavo hijo del hombre y como aún estaba hospitalizada, el dentista se encontraba de lo más necesitado en el terreno sexual sobre porque, a cuenta del parto, los tres últimos días no había podido mantener relaciones sexuales en su consulta por lo que no dudó en reanudar su frenética actividad sexual con Rosa a la que prometió utilizar condón para penetrarla vaginalmente. El hombre lo usó durante varias semanas pero, poco a poco, se olvidó de su promesa. Como la joven con la que vivía se negaba, tras superar la cuarentena post-parto, a reanudar su actividad sexual con él y casi se veía obligado a violarla para satisfacerse, comenzó a volverse muy arisco. A Rosa dejó de llamarla por su nombre para denominarla “mi puta fulana” y en muy poco tiempo consiguió hacer con la chica, en muchos casos a pesar de su oposición, lo que le daba la gana puesto que, según la decía, tenía todo el derecho del mundo sobre ella al estar manteniéndola. Además de ultrajarla a todas horas, se hizo habitual que sus relaciones se limitaran casi exclusivamente al sexo anal en sesiones de mucha duración en las que al dentista le seguía gustando que la chica se meara varias veces y liberara con mucha facilidad el esfínter para cagarse, al menos, en dos ocasiones durante el proceso.

Rosa se acababa de enterar de que el hombre, a pesar de que continuaba forzándola para poder penetrarla, había vuelto a dejar en estado a la joven con la que vivía, cuándo la habló de que con tan numerosa prole tenía muchos gastos y no podía mantenerla por más tiempo pero la ofreció la posibilidad de trabajar como criada en casa de otra de sus clientes y como el sueldo era bueno Rosa no se lo pensó demasiado. Lo que no se imaginaba es que la vivienda, completamente aislada, fuera algo así como una mansión colonial y que, a cuenta de ese trabajo, se fuera a convertir en una especie de esclava. Sus compañeras, en cuanto llegó, la dijeron que, entre sus cometidos, se encontraba el de estar siempre a plena disposición del señor de la casa, que se acostaba con todas las mujeres que tenía a su alcance menos con la suya y que esa misma noche la llamó para que pasara la noche con él. Por su parte, la señora, de mediana edad, se presentó al día siguiente por la tarde en la habitación que compartía con el resto de las criadas para, después de “meterla mano” y pasarla repetidamente un par de dedos por la raja vaginal, exigirla que, delante de sus compañeras y de ella, se desnudara por completo. En cuanto lo hizo, la obligó a abrir bien las piernas y tras mirarla con detenimiento, tocarla todo lo que quiso sin dejar de insultarla y realizarla un completo examen visual y táctil de su chocho, de su culo y de sus tetas, la masturbó frenéticamente con dos dedos cronometrando el tiempo que empleó en alcanzar el orgasmo para, acto seguido, permitir que, en su presencia, sus compañeras la “hicieran unos dedos” y la comieran la seta hasta que Rosa, tras llegar varias veces al clímax, acabó meándose a chorros. La señora, visiblemente excitada, se bebió la mayor parte de su pis y la dijo que, aunque era una autentica cerda, su meada estaba realmente exquisita. Después de permitir que Rosa se limpiara y se vistiera la indicó que deseaba que, cada vez que meara, lo hiciera con la braga puesta para que la prenda intima filtrara su pis, que lo recogiera y se lo llevara aún caliente para poder bebérselo delante de ella y que cuándo cagara hiciera lo propio con su mierda puesto que quería examinarla, olerla y catarla. Pero aquello no fue lo peor ya que, a los pocos días, la señora, que estaba completamente desocupada, la obligó a participar en su mayor entretenimiento que era presenciar, al más puro estilo Caligula, como sus criados masculinos se “cepillaban” por delante y por detrás a las criadas femeninas. Cuándo acababan se reunía en una habitación con las chicas que, a su entender, más se habían entregado durante la sesión sexual y después de hacer que se mearan delante de ella, las obligaba a masturbarla, a comerla el coño hasta que las echaba su pis encima y a hurgarla en el culo mientras las repetía hasta la saciedad que deseaba que fueran unas autenticas “golfas”, que sexualmente se comportaran como autenticas cerdas y que tuvieran mucho sexo pero que, al no permitir que los hombres usaran condones para penetrarlas, no quería ver a ninguna de ellas preñada ya que si alguna quedaba en estado lo mejor era que se fuera antes de que se enterara. A los criados, a los que obligaba a permanecer desnudos delante de ella y les hacía frecuentes pajas, les decía que cuándo les llamara por la noche tenían que ser unos virtuosos en la cama y que el que no diera la talla podía irse buscando otro trabajo. Durante algo más de seis meses Rosa, aparte de las relaciones nocturnas que mantenía dos ó tres veces por semana con el señor, se vio obligada a dejarse follar, incluso cuándo estaba con la regla, de una a tres veces al día por sus compañeros en presencia de la mujer que, una vez que los hombres la echaban su leche en el interior de la almeja y del culo, la masturbaba hasta que, sin dejar de decirla “correte y deléitame con tu pis, cerda”, lograba que Rosa se meara abundantemente para beberse su pis. Estaba empezando a pensar que con tan frecuente actividad sexual, aparte de encontrarse siempre muy cansada, iba a terminar quedando en estado cuándo conoció a las dos hermanas de su señora. La mayor de ellas, a la que siempre se encontraba en ropa interior por la mansión, estaba considerada por los criados como la amante oficial del señor mientras que a la otra Rosa la cayó en gracia y no paró hasta lograr que pasase a su servicio. Juntas se trasladaron a La Habana donde descubrió que su nueva señora era lesbiana y que tenía ciertas tendencias sexuales similares a las de la hermana a la que acababa de dejar de servir. Además de prohibirla que usara braga con el propósito de poder tocarla y masturbarla varias veces al día, la inculcó que cada vez que tuviera ganas de mear tenía que aguantarse hasta que pudiera echarla su pis en la cara y en las tetas y que cuándo cagara tenía que hacerlo delante de ella y en un orinal para que, siempre que fuera sólida, pudiera degustar la mierda aún caliente. Varias veces Rosa tuvo que “lucir sus encantos” ante las amigas de su señora y ponerse a cuatro patas para dejar que algunas de ellas, después de hurgarla a conciencia con sus dedos, la penetrara anal y vaginalmente con una braga-pene de las que allí llaman “made in USA” cuyo grueso pene se puede alargar, está lleno de estrías y es sumamente deslizante para provocar la salida masiva de flujo, pis y mierda. Por la noche debía de satisfacer a su señora comiéndola el chocho hasta la saciedad, realizando unos exhaustivos y largos sesenta y nueve y efectuándola algún fisting vaginal además de ocuparse de aliviarla el estreñimiento crónico que parecía con sus masajes anales, poniéndola enemas e incluso, echándola su pis en el interior del culo con la ayuda de un embudo. Aunque seguía sintiéndose humillada y ultrajada, este último periodo lo soportó mucho mejor puesto que, aparte de un buen sueldo y de saber que la hicieran lo que la hicieran su señora y sus amigas no la iban a dejar preñada, aquella mujer la daba unas espléndidas gratificaciones y sus amigas siempre tenían algún detalle con ella pero en cuanto se presentó la ocasión y encontró a una sustituta más joven que se ajustó a los deseos de la fémina, dejó este trabajo para volver a Santiago donde, a pesar de que no pudo localizarla, se alojó en casa de su hermana Elsa con la intención de descansar una temporada antes de volver a dedicarse a satisfacer en sus necesidades al turismo sexual.

Después de esta presentación de la parte femenina de la historia debo de hacer lo propio con Angel, la parte masculina. Este chico, aunque no era ciego, tenía muy limitada su visión especialmente a través del ojo izquierdo. Al desempeñar su actividad laboral en la ONCE y en un puesto muy bien retribuido, decidió dejar de vivir en alquiler y hacerse con un piso en propiedad. Estaba acostumbrado a permanecer fuera de su casa la mayor parte del día mientras una mujer mayor se ocupaba de atenderle a él y a la vivienda, manteniéndola bien limpia, de manera que, cuándo regresaba por la noche, siempre se encontraba la casa en perfecto orden, la cama hecha, algo de comida preparada y la ropa dispuesta para ponérsela al día siguiente. Como solía desayunar y comer fuera de casa, las cenas solía hacerlas a base de un primer plato, generalmente sopa, que le dejaba preparado la mujer que la atendía junto a un bocadillo de embutido y fruta. Es un hombre elegante, guapo, se encuentra dotado de un rabo realmente descomunal que siempre se mantiene bien tieso y se le marca perfectamente en el pantalón y además, dispone de una relevante potencia sexual. Se relacionaba con un amigo al que, además de salir frecuentemente juntos, le encantaba que, dos ó tres veces a la semana, Angel le metiera su gordo y largo rabo por el culo y que, mientras le enculaba, le moviera con su mano el “instrumento” al mismo tiempo que le acariciaba los huevos. Lo normal es que Angel se corriera un par de veces dentro del culo de su amigo mientras que este también solía echar su leche en dos ocasiones antes de, en cuanto se lo sacaba del culo y efectuaba una visita al water para cagar de forma abundante y masiva, ocuparse de chupar, lentamente y con deleite y esmero, el rabo a Angel, acostado en la cama y con las piernas muy abiertas, hasta que se corría por tercera vez echándole una de sus abundantes raciones de leche en la boca, en la cara y en el pelo.

Pero su amigo, además de con Angel, mantenía relaciones sexuales con algunas chicas. Con una de ellas empezó a salir en plan serio y al hacerse novios, la fémina, sin decirle nada, dejó de tomar anticonceptivos y a las pocas semanas quedó preñada y encima de gemelos, por lo que el amigo de Angel debió de casarse con ella apresuradamente. La noche anterior a la boda la pasó con Angel con el propósito de que este le diera por el culo hasta el amanecer. Al acabar su larga sesión sexual, el amigo le recordó que aquella había sido la última vez puesto que, a partir de aquel instante, la única que le iba a encular sería la que, pocas horas más tarde, se convertiría en su mujer que ya le había dado por el culo en varias ocasiones con una braga-pene aunque reconoció que no era lo mismo que cuándo Angel se lo hacía y le echaba sus excepcionales raciones de leche.

La boda de su amigo hizo que Angel se diera cuenta de que se estaba acercando a los cuarenta años y se planteara casarse y tener hijos. Además, le apetecía mucho comenzar a mantener relaciones sexuales con mujeres ya que, desde el colegio, únicamente había tenido contactos con hombres. Pero, aunque es muy atractivo, físicamente está “para comérselo” y disfrutaba de una situación económica desahogada, no tardó en darse cuenta de que su problema con la vista era un obstáculo demasiado importante al relacionarse con las chicas. Aunque había algunas que le contentaban haciéndole regularmente pajas, sobre todo por disponer entre sus manos de un rabo tan descomunal y mojarse mientras veían la salida abundante y masiva de su leche, ninguna sentía un especial interés por él. Lo intentó, incluso, con sus propias compañeras de trabajo y una de las que más le gustaba era mi amiga Margarita (Marga) que, en cuanto se percató de sus intenciones, le “paró los pies” diciéndole que se sentía mucho más atraída por las mujeres y el sexo lesbico. Angel, viendo que unas y otras le rechazaban, decidió satisfacerse sexualmente mediante los servicios de dos putas a las que se “cepillaba” regularmente en su casa al mismo tiempo que mantenía contactos esporádicos con algunos hombres pero sin que llegara a iniciar con ellos ninguna relación estable.

En aquel entonces se produjo una llegada masiva de cubanas y dominicanas, con fama de golfas y viciosas, lo que hizo que para la mayoría de los “españolitos” se convirtiera en un anhelo y hasta en una obsesión el lograr relacionarse sexualmente con alguna de ellas. Una de las dos putas con las que Angel se relacionaba era una mujer dominicana provista de unas tetas grandes y gordas y un culo voluminoso que trabajaba en un club de alterne aunque prefería que Angel se la “trajinara” en su casa. El chico llegó a pedirla que dejara de prostituirse y se casara con él y ella le contestó que no era mujer de un solo hombre y que necesitaba cambiar con mucha frecuencia de “nabo” para satisfacerse pero le habló de que, puesto que las españolas le rechazaban, tanto en Cuba como en su país, aparte de que el relacionarse sexualmente era barato y fácil, podía encontrar una buena esposa. Angel no se lo pensó demasiado y decidió que la mejor compañía para emprender aquel viaje era su amigo Alberto, un hombre muy lanzado y mujeriego. Como a su amigo le excitaba mucho la idea de poder “tirarse” a mujeres de color ya que, según decía, lo mismo que algunas chicas españolas se volvían locas por los hombres negros provistos de un gran rabo, a él, que estaba dotado de un buen “instrumento”, le gustaba “cepillarse” a las mujeres de raza negra, Angel no tardó en convencerle para que le acompañara. Después de decidirse por Cuba como destino, la mujer dominicana les aconsejó contratar un viaje que incluyera Santiago, que era el lugar donde más fácilmente iban a poder lograr disponer de compañía femenina barata y que fueran prácticamente con lo puesto para comprarse allí ropa y lo que necesitaran llevando sus maletas llenas de ropa femenina, sobre todo prendas intimas, vestidos cortos y faldas y pantalones vaqueros. Después de contratar un viaje de veinte días de duración, la mitad de ellos en Santiago y el resto en La Habana, Alberto cogió su reglamentario mes de vacaciones mientras que Angel lograba disponer de cuarenta y cinco días.

El viaje en avión, aunque les resultó largo y pesado, no fue lo peor del viaje ya que al llegar a Cuba tuvieron que soportar un inacabable y tedioso traslado lleno de incomodidades desde el aeropuerto al hotel. Además, tuvieron que aclimatarse al cambio de horario por lo que, en cuanto se instalaron en su amplia habitación, decidieron olvidarse de la cena para acostarse y descansar. Al día siguiente cuándo entraron en el restaurante del hotel para desayunar se sorprendieron al ver que buena parte de las mesas estaban ocupadas por grupos de dos, tres y cuatro mujeres elegantemente vestidas y algunas de ellas en plan sugerente con vestidos escotados y faldas sumamente cortas. El camarero que les atendió, que les pareció que era homosexual, les indicó que la mayoría de ellas eran americanas que habían llegado a lo largo de la tarde y noche anterior ya que, al ser unas putas ninfomanas y varias de ellas asiduas a mantener sus relaciones sexuales en aquel hotel, sabía que tenían tantos anhelos de que algún hombre se las follara que si hubieran dispuesto de un poco de tiempo para encontrar a un cubano bien dotado y pródigo en echarlas su leche, ninguna de ellas estaría allí ya que no saldrían de su habitación hasta que estrujaran por completo al hombre. El camarero les informó, asimismo, de que no era difícil coincidir en el hotel con mujeres españolas a las que calificó como “unas zorritas más finas que las gallinas”.

Alberto y Angel salieron a la calle en cuanto terminaron de desayunar con la clara intención de recorrer tranquilamente las dos zonas en las que, según las indicaciones del camarero, no tardarían en encontrar lo que buscaban. Pero, quizás por el horario matinal, en la primera de ellas apenas había oferta femenina y lo poco que encontraron no se ajustaba a lo que deseaban puesto que eran jóvenes adolescentes ó mujeres demasiado mayores para ellos. En la otra zona, la más marginal pero más concurrida, lo primero que vieron fue a un grupo de féminas relativamente jóvenes escogiendo entre una amplia oferta de hombres en disposición de follárselas sin descanso. En cuanto una de ellas se lo indicó, los hombres se desnudaron dejando sus “atributos”, todos ellos gordos y largos, a la vista de las mujeres que, después de mirarlos con detenimiento, les tocaron repetidamente el rabo y los huevos e incluso, las más decididas les hicieron una paja rápida a varios de ellos para comprobar si su miembro viril se ponía aún más duro, gordo y tieso y la cantidad de leche que echaban al correrse. Uno de los hombres que, tras haber sido descartado por el grupo de mujeres por echar su leche con demasiada rapidez, continuaba con el rabo al aire para ver si alguna otra fémina se animaba a contratarlo les comentó que, con tal de sacar dinero, lo mismo le daba “cepillarse” a una mujer que dejar que un hombre le diera por el culo. Un poco antes del mediodía y todavía en aquella zona en la que comenzaron a abundar los grupos de mujeres ofertando sus servicios sexuales situadas en las puertas de sus casas, vieron a Elsa emplazada en una esquina próxima al lugar en el que dos mujeres, de mediana edad, sin falda y con la braga en los tobillos, estaban probando la potencia sexual de un chico joven que se había ofrecido para satisfacerlas a ambas y se las estaba follando mientras las féminas mantenían su espalda apoyada contra la pared. A Angel le gustó Elsa en cuanto la vio y cuándo se acercaron a ella, la chica dejó que la acariciara la cara mientras les decía que, a cambio de que la invitaran a comer y a cenar, sería su guía turística el resto del día y su puta por la noche. Como parecía que era habitual “catar el genero” antes de llegar a ningún acuerdo, Angel la dijo que se desnudara. Elsa se quitó su corto vestido estampado y un sujetador negro bastante deteriorado dejando sus pequeñas pero bonitas tetas al aire que Alberto y Angel la tocaron antes de que se bajara la braga, asimismo negra y aparentemente nueva, hasta los tobillos permitiendo que, mientras Alberto la acariciaba el culo comprobando su tersura, Angel la pasara dos de sus dedos por la raja vaginal dándose cuenta de que estaba muy húmeda. No se lo pensó, la metió de golpe los dedos en la seta y la masturbó enérgicamente al mismo tiempo que, tras abrazarla, la besaba y Alberto la hurgaba con uno de sus dedos en el culo. Elsa que respondió muy satisfactoriamente, se corrió entre gemidos de placer con mucha rapidez e intensidad y después de alcanzar el orgasmo, les pidió que, puesto que ya la habían probado, la sacaran los dedos del coño y del culo. Después de hacer lo que les había pedido la chica, Angel se agachó para abrirla con sus dedos los labios vaginales con el propósito de realizarla, sin demasiado éxito a cuenta de sus deficiencias en la vista, una exploración visual del interior de la húmeda almeja. Cuándo se incorporó la dijo que podía vestirse. Mientras volvía a ponerse la ropa Alberto mencionó que quería que les acompañara una ardiente mujer de raza negra y Elsa les dijo que la siguieran puesto que conocía a una que, seguramente, sería de su gusto. Mientras iban en busca de otra chica a través de unas calles muy estrechas, Angel le confesó a su amigo que estaba completamente empalmado y con unas ganas tremendas de “tirarse” a Elsa.

Alberto no era muy exigente y aunque hubiera preferido una mujer más acorde con su edad, se encontró en el umbral de la vivienda a la que les llevó Elsa con una mujer negra que superaría los cincuenta años a la que acompañaba una chica joven, asimismo negra, de unos veinte que, supusieron, era hija de la mujer de más edad. Alberto no se atrevió a “catarla” delante de su supuesta madre y simplemente aceptó que la chica, llamada Yoana, se convirtiera en su acompañante. Desde allí se fueron a un restaurante en el que Elsa y Yoana, más que comer, devoraron sus platos. Al acabar empezaron su visita turística. Alberto y Angel, aprovechándose de que las féminas llevaban muy poca ropa y la de Yoana estaba muy deteriorada, no desperdiciaron la menor ocasión para “meterlas mano” hasta que Elsa les informó de que, fuera de las llamadas “zonas de citas y pruebas”, las autoridades locales habían tomando la determinación de prohibir realizar en público cualquier acto contrario a la moral y que con sólo intentar besarlas alguien les podía denunciar por lo que los chicos tuvieron que reprimirse. De repente, empezó a llover torrencialmente y tuvieron que refugiarse en la cafetería de un hotel. Los cuatro aprovecharon para mear y los primeros en dirigirse al water fueron Angel y Elsa. La chica, quitándose la braga con gran rapidez, subiéndose el vestido y permaneciendo de pie con las piernas muy abiertas, soltó una gran cantidad de pis mientras Angel no se perdía detalle de su abundantisima meada. Al terminar dejó que la limpiara pasándola varias veces su mano derecha extendida por la raja vaginal. Una vez que Elsa se volvió a poner la braga y se colocó bien el vestido, le tocó el turno a Angel. La chica se empeñó en que se bajara el pantalón y el calzoncillo y que la dejara sostenerle el rabo mientras meaba. En cuanto le vio el “instrumento” exclamó: “menuda pedazo de nabo tienes, cabronazo”. Angel echó una gran cantidad de pis y en cuanto acabó, Elsa se lo movió lentamente con su mano observando que el rabo se ponía aún más duro, gordo, largo y tieso por lo que le dijo: “tengo unas ganas enormes de que llegue la noche para que me lo metas en tu hotel”. Como Alberto y Yoana también se meaban y les estaban metiendo prisa desde el exterior, Angel se vistió y salieron del water. Mientras esperaban a sus amigos decidieron sentarse en una mesa de la cafetería y tomar una consumición. Después de servirles, el camarero desapareció dejándoles completamente solos. Angel, al darse cuenta, la dijo a Elsa que se subiera la falda por encima de la cintura y que se echara hacia delante de forma que pudiera meterla su mano en la braga. La chica hizo lo que la había dicho y después de acariciarla el chocho, la masturbó con dos dedos. Elsa, convulsionándose y gimiendo, se corrió con una rapidez impresionante. Pero Alberto y Yoana se tomaron su visita al water con mucha más calma que Angel y Elsa y cuándo se unieron a sus amigos, Elsa acababa de alcanzar el clímax por tercera vez y según echaba una gran cantidad de flujo, se la salieron unos chorros de pis. Al ver que tenía una imperiosa necesidad de volver a mear se levantó y poniéndose con suma rapidez bien la ropa, se dirigió corriendo al water. Alberto y Yoana se sentaron enfrente de Angel y tras explicarle que se habían intercambiado la braga y el calzoncillo, empezaron a besarse. Alberto aprovechó para tocarla a Yoana las tetas por encima del vestido mientras la chica, bajándole la cremallera del pantalón, le sacó el rabo al exterior y se lo movió con su mano logrando que se corriera enseguida. Yoana, muy sonriente, le dijo que, aunque había sido costoso, al final había echado su leche. Como no hubo forma de que atendieran a sus amigos ya que el camarero seguía sin aparecer por la cafetería, en cuanto Elsa regresó, Angel y ella acabaron sus consumiciones dando tiempo a que Yoana limpiara ó al menos disimulara, los distintos chorros de leche que habían caído en el mantel de la mesa, en el sillón, en el suelo y en la ropa de Alberto. Después de verse obligados a pagar en la recepción del hotel y comprobar que había dejado de llover, salieron del hotel para continuar con su recorrido turístico.

A la hora de cenar, Elsa les llevó a lo que denominó un “restaurante clásico” que era un local similar al de las tabernas existentes en muchos pueblos españoles, con un mobiliario muy antiguo pero limpio con unas grandes mesas de madera y asientos corridos. En el restaurante no había nadie. Las chicas se sentaron en una mesa mientras Alberto y Angel fueron al water con intención de mear. Cuándo volvieron Elsa y Yoana les hicieron permanecer de pie delante de ellas para poder tocarles el rabo por encima de su pantalón. La camarera, una joven pelirroja muy guapa, al verlos, se acercó y animó a los dos hombres a quitarse la ropa para que sus amigas pudieran tocarles el “nabo” y los huevos antes de realizarles una paja rápida. Hicieron lo que les había dicho la camarera, que se sorprendió al ver que Alberto llevaba una braga como ropa interior y permitieron que, después de sobarles el “instrumento”, Elsa se lo chupara muy despacio a Angel y Yoana a Alberto. La camarera se puso cachonda viendo las dimensiones de ambos rabos por lo que no tardó en bajarse la braga hasta las rodillas y masturbarse mientras disfrutaba del espectáculo. Pero como era evidente que los dos hombres estaban muy calientes y se iban a correr con bastante rapidez, Elsa y Yoana dejaron de mamarles el rabo e hicieron que cada uno de ellos se tumbara boca arriba en una mesa con las piernas muy abiertas para que Yoana le moviera el rabo a Alberto mientras Elsa dejaba que la camarera, que continuaba con la braga en las rodillas, hiciera lo propio con Angel al mismo tiempo que ella se ocupaba de hurgarle en el culo y lamerle los gordos huevos. Angel se corrió con rapidez echando a grandes y largos chorros una cantidad impresionante de leche. La camarera exclamó: “nunca había visto tanta leche en una corrida”. Después de moverle el “nabo” un poco más, la aconsejó a Elsa que se aprovechara todo lo que pudiera de aquel rabo duro, gordo y largo y de las excepcionales cantidades de semen que echaba al correrse. Poniéndose bien la braga mientras comentaba que estaba muy mojada se colocó delante de la otra pareja viendo que Alberto se acababa de correr y que, tras echar un montón de leche, Yoana se dedicaba a chuparle lentamente su descomunal “nabo”. La camarera no dudó en meterle un dedo bien profundo en el culo y hurgarle con él mientras se percataba de que aquel “nabo” no desmerecía nada en relación con el de Angel. Cuándo Alberto la dijo que, si seguía hurgándole en el culo, iba a terminar cagándose, Yoana dejó de mamársela y la camarera le sacó el dedo del culo y tras chupárselo, se encaminó hacia la cocina con intención de servirles la cena. Mientras los hombres, muy aliviados y satisfechos, se volvían a vestir Elsa y Yoana les dijeron que tenían unos “instrumentos” impresionantes y que, a cambio de dinero, querían disfrutar de ellos durante toda su estancia en Santiago. Las contestaron que, en vez de dinero, podían dar ropa y las dos mujeres, tras asegurarse de que por cada día que pasaran junto a ellos las recompensarían con dos conjuntos de ropa interior, un vestido y una falda ó un pantalón vaquero, volvieron a devorar su cena en cuanto se la sirvieron. Al acabar la camarera, que se llamaba Bianca, permitió que ambos hombres la tocaran y les dijo que, si esperaban a que terminara su jornada laboral, les acompañaría para que se la pudieran follar. Mientras Alberto, al que le agradaba el color de su pelo sin importarle demasiado que fuera de raza blanca, aceptaba, Angel declinó su ofrecimiento diciéndola que aquella noche tenía bastante con Elsa.

Para hacer tiempo y permitir que Bianca se uniera a ellos, los cuatro permanecieron sentados en el restaurante. Elsa aprovechó para, en menos de una hora, obtener toda la información que quiso sobre Angel enterándose de que deseaba casarse cuanto antes; de que disponía de un trabajo bien remunerado y de que tenía varias casas y tierras en su población natal y una vivienda en su lugar de residencia. Si a ello unía que era español y que en Cuba existe una creencia bastante generalizada de que aquí el dinero prácticamente está por el suelo siendo fácil lograr un buen trabajo y que las mujeres son unas autenticas golfas deseosas de sexo mientras los hombres, provistos generalmente de unos miembros viriles excepcionales aunque su aguante y potencia sexual no fueran tan encomiables como las de los cubanos, son ardientes y libidinosos, hizo que, antes de que salieran del restaurante, acompañados por Bianca, para dirigirse al hotel Elsa tuviera decidido hacer todo lo posible para que Angel no se la “escapara vivo”.

Como en el hotel sólo disponían de una habitación con dos camas decidieron que Alberto pasaría la noche en el salón, donde disponían de un amplio y cómodo sofá, con Bianca y Yoana mientras Angel se encerraba en la habitación con Elsa. El hombre estaba tan sumamente salido que, tras desnudarse rápidamente, se apresuró a echarse encima de la chica y separándola la parte textil de la braga de la raja vaginal, la penetró. Diez minutos más tarde Angel se había corrido dos veces en el interior de la seta de Elsa que, con la firme intención de que el chico sobrepasara con creces su límite sexual y vaciara por completo los huevos, en cuanto la sacó el rabo del coño y se desnudó, procedió a chupárselo lentamente al mismo tiempo que le acariciaba el orificio anal y los huevos. Angel sentía un gusto increíble y Elsa, metiéndose el “nabo” entero en la boca, se lo chupó con esmero y ganas. El hombre sabía que así, además de sentir mucho placer, es como más tardaba en correrse pero lo que no se esperaba es que Elsa, que cuándo se introducía el rabo entero en la boca echaba grandes cantidades de saliva, le fuera a cortar la corrida cada vez que la leche estaba a punto de salir apretándole la base del rabo con sus dedos en forma de tijera. Elsa, aunque sentía algunas arcadas a cuenta de las excepcionales dimensiones del “nabo”, no se cansaba de chupárselo mientras Angel, inmerso en un gusto indescriptible que hacía que no dejaran de movérsele las piernas, se desesperaba viendo que no le permitía correrse. Finalmente, después de pasarse mucho tiempo chupándole el “instrumento”, Elsa le introdujo hasta el fondo uno de sus dedos en el culo y le hurgó con él al mismo tiempo que, con su mano izquierda, le apretaba los huevos y se la chupaba con ganas y rapidez. Angel, aunque necesitaba echar la leche, pensó que, una vez más, le iba a cortar la corrida pero no fue así y entre unas convulsiones impresionantes y una sensación sumamente placentera, empezó a soltar una descomunal cantidad de leche que, en principio, Elsa se tragó pero que, finalmente y tras sacársela de su boca, la cayó en la cara, el cuello, el pelo y los hombros mientras le decía: “echa más, mucho más”. Después de su larga y sumamente placentera corrida, Elsa le dijo: “por la cantidad de leche que has echado creo que te ha gustado como te lo he hecho” pero Angel no la contestó ya que aún estaba absorto en su corrida pensando que nunca había empleado tanto tiempo para echar su leche y que jamás la había expulsado en tanta cantidad e inmerso en semejante gusto. Pero Elsa no le dejó respirar y poniéndose a cuatro patas le instó a que la penetrara vaginalmente durante unos minutos antes de que, bien empapado en su flujo, la metiera el rabo por el culo. A pesar de que Angel se la introdujo “hasta los huevos” y se la folló con ganas, tardó un buen rato en correrse. En cuanto la echó otra buena ración de leche en el interior del culo, Elsa se movió para que se la tuviera que sacar e hizo que Angel se acostara boca arriba para proceder a cabalgarle analmente sin dejar de apretarle los huevos y meterle sus dedos en el culo. Angel, bastante cansado, tardó bastante en echarla otra gran cantidad de leche y tras ello, Elsa se incorporó y colocándose en cuclillas en el suelo, se meó copiosamente y se cagó expulsando un montón de mierda líquida. A continuación y tras dejar que Angel la lamiera su húmeda almeja y su sucio ano, volvió a meterse el rabo en el culo y continuó con su cabalgada. Elsa parecía no tener límite y Angel empezaba a sentirse agotado. La chica al ver que su amigo, de momento, no iba a ser capaz de volver a correrse y que, incluso, empezaba a perder la erección del “nabo”, se incorporó y tumbándose boca abajo entre las abiertas piernas del hombre, le volvió a chupar el “instrumento” mientras la acariciaba los huevos. Angel no pudo hacer nada para evitar mearse en su boca y Elsa logró que, pocos minutos más tarde, el rabo estuviera de nuevo completamente tieso por lo que, echándose sobre él, se lo metió en el chocho y comenzó a moverse muy despacio mientras le decía a Angel que la apretara contra él poniéndola las manos en la masa glútea. A Angel le agradó que Elsa se lo hiciera así, lentamente y abriendo y cerrando continuamente sus piernas y aunque tardó más de un cuarto de hora, al final la echó dentro de la seta otra ración de leche que, una vez más, fue bastante copiosa. Elsa permaneció un buen rato moviéndose echada encima de él y cuándo se incorporó le hizo darse la vuelta para realizarle uno de sus famosos “masajes anales”. Comenzó pasándole un dedo por la raja del culo y más tarde dos. Después le metió en el ano poco más de la uña de un dedo y más tarde de dos. Siguió su actividad lamiéndole el ano hasta que se lo fue abriendo con sus dedos. De repente, la metió la lengua. Angel notaba que Elsa le estaba dilatando perfectamente el culo y que cada vez sentía su lengua más profunda. Cuándo más satisfecho se encontraba, Elsa sacó su lengua y en su lugar, le introdujo tres dedos hurgándole con muchas ganas y en todas direcciones. Angel la dijo que, como siguiera así, no iba a tardar en cagarse y Elsa le respondió que eso era precisamente lo que quería. Mientras la chica le explicaba que los cubanos están muy acostumbrados a esta practica sexual y aguantan mucho tiempo antes de que se les salga la caca, Angel liberó su esfínter y empezó a cagarse ante la sorpresa de Elsa que le continuó hurgando hasta que el hombre, viéndose reventar, la obligó a extraerle los dedos con lo que, inmediatamente, se meó mientras salía al exterior un montón de mierda con la que Elsa se untó las tetas y el exterior del coño. Después de disfrutar del espectáculo, Elsa restregó su empapadísima almeja contra la espalda de Angel y durante el proceso se meó de manera abundante. La chica continuó pero el agotamiento y las caricias que le prodigaba Elsa hicieron que Angel se durmiera. Al darse cuenta de ello y como pudo, le hizo girarse para que quedara de lado y cogiéndole con su mano el rabo, que estaba completamente “fofo”, le bajó toda la piel y se lo miró con detenimiento. Después le pasó la lengua por la abertura varias veces y procedió a movérselo muy lentamente hasta que, también, se quedó dormida.

Se despertaron casi a la hora de comer. Angel fue el primero en levantarse para afeitarse pero mientras se ocupaba de su barba Elsa se colocó detrás de él y empezó a acariciarle el rabo y los huevos sin dejar de alabarlos. Como el “nabo” se le puso muy tieso con sus tocamientos decidió hacerle una paja bajándole toda la piel y en pocos minutos, mientras Elsa le comentaba que esa noche había superado la docena de orgasmos, Angel echó una gran cantidad de leche que cayó en el lavabo, en los azulejos y en el suelo. Elsa le dijo: “que rico; eres todo un semental y por la cantidad que has echado parecía que llevabas un montón de días sin correrte”. Sin molestarse en limpiarlo, se dieron una ducha, se vistieron y abrieron la puerta que comunicaba la habitación con el salón. En el sofá, Alberto y Yoana, abrazados, seguían durmiendo. En el suelo estaba la ropa de ambos y había algunos charcos de pis y varios “chorizos” de mierda. Al oírles acercarse, Alberto y Yoana se despertaron. Mientras Alberto sacaba su rabo del culo de la chica y se daban un apasionado beso en la boca, Elsa se percató de que Bianca no estaba. Alberto la explicó que, al acabar la sesión sexual, había decidido vestirse e irse a su domicilio para que su familia la despertara con tiempo de llegar a su trabajo. Al levantarse se dieron cuenta de que Yoana, que había dormido con el “instrumento” de Alberto introducido en su culo, se había meado, empapando con su pis el sofá, además de que se la había salido un poco de caca en el momento en que Alberto la extrajo el rabo del ano. En cuanto Alberto y Yoana se asearon y se vistieron y sin que a ninguno de los cuatro les importara el lamentable estado en que quedaba la habitación, bajaron al restaurante del hotel para comer y recuperar fuerzas. Durante la comida Alberto y Angel se mostraron sumamente complacidos de su actividad sexual mientras que Alberto comentó con Angel y Elsa que, en vez de hacerlo con las dos chicas al mismo tiempo, había decidido que, aunque estuvieran las dos presentes, se iba a follar las primeras noches a Yoana y las últimas a Bianca. Al terminar de comer las chicas propusieron regresar a la habitación pero Angel y Alberto, suponiendo que no iba a ser precisamente para dormir, dijeron que tenían que acordar lo que iban a hacer a lo largo de cada día. Cada uno dio su opinión y al final, decidieron emplear las tardes en visitar el lugar y realizar algunas compras, sobre todo de ropa, que Alberto y Angel precisaban ya que no tenían más que la que llevaban puesta para cenar a una hora bastante temprana en el restaurante en el que trabajaba Bianca y acto seguido, volver al hotel para iniciar su actividad sexual que, aunque comenzaba a primera hora de la noche, ningún día acababa antes del amanecer. Se mostraron de acuerdo en que al terminar sus relaciones lo más apropiado, tras asearse y vestirse, era desayunar en el restaurante del hotel y darse un paseo mientras arreglaban la habitación a la que no tardaban en volver para dormir hasta la hora de la comida. Cumplieron bastante bien su “calendario de actividades” aunque la mayoría de los días, en cuanto terminaban de comer, subían a su alojamiento donde mantenían una breve sesión sexual que solía limitarse a tocamientos y masturbaciones mutuas.

El quinto día de su estancia en Santiago Angel acumulaba tanto sueño y estaba tan cansado que no podía ni con los pantalones mientras que Alberto tenía el rabo hinchado y rojo y se quejaba de que cada vez que meaba sentía escozor y de que tenía el ano muy irritado de todo lo que le habían hurgado en él. Yoana, al oír sus comentarios, se enfadó y le dijo que era un quejita, que los “españolitos” eran demasiado flojos para las mujeres cubanas y que no tenían ni remotamente el aguante sexual de los “machos” cubanos. Elsa intentó apaciguarla pero Yoana se vistió y diciéndole a Alberto que le chupara el rabo la “golfa de la pelirroja”, en clara alusión a Bianca, exigió que la entregaran la ropa que la habían prometido. Los dos chicos abrieron sus equipajes y dejaron que Elsa y Yoana, casi pegándose, cogieran todo lo que quisieron mientras que lo poco que dejaron se lo dieron por la noche a Bianca que les indicó que la ropa que no la sirviera pensaba repartirla entre chicas de su vecindario con verdadera necesidad de prendas de vestir. Elsa intentó, una vez más, convencer a Yoana para que siguiera con ellos pero la chica, tras meter la ropa en una gran bolsa de papel y decir a gritos que sólo iba a mantener relaciones sexuales de más de dos días de duración con hombres cubanos, se marchó. Bianca, al enterarse, se puso muy contenta puesto que la gustaba Alberto y aunque no recibiera nada a cambio, deseaba satisfacerle sexualmente todas las noches. Lo que lamentaba era que a cuenta de su ocupación laboral no pudiera estar con ellos antes de las diez y medía de la noche ni acompañarles el resto del día. Elsa, bastante afectada por la decisión de Yoana, tampoco estaba contenta pero, fiel a su propósito, se empeñó en acompañarlos durante su estancia en La Habana mientras Alberto decidió despedirse de una llorosa Bianca puesto que, según la explicó, al realizar aquel viaje no pretendía atarse a nadie y deseaba cambiar de “jaca” buscando en la capital una mujer que no fuera una autentica ninfomana. Cuándo llegaron a La Habana, Elsa consiguió que Alberto se alojara en una habitación distinta a la suya y que, tras encontrar a una mujer de raza negra que se ajustaba plenamente a lo que quería, su vida, aunque coincidieran en varias ocasiones, no discurriera paralela a la de Angel y ella. Después de conseguir separar a los dos amigos, se mostró muy pródiga en abrazos, besos y caricias, además de sumamente mimosa y sensible. Sabiendo que era lo que más le gustaba a Angel basó su actividad sexual en chuparle el rabo durante mucho tiempo; en dejar que la diera por el culo siempre que quisiera; en cabalgarle anal y vaginalmente; en que se corriera y en abundancia con Elsa echada encima de él, las piernas de ella cerradas y el rabo completamente introducido en su chocho y en efectuarle su “masaje anal” sin que la importara que se cagara con rapidez durante el proceso.

Pero su estancia se acababa y mientras Alberto, que estaba encantado con su alta y delgada chica negra, preparaba el viaje de vuelta llenando sus maletas de puros para, una vez en España, venderlos y poder amortizar parte del coste del desplazamiento, Angel, que había logrado correrse de ocho a nueve veces al día, no la hacía a Elsa el menor comentario sobre su propósito de casarse por lo que una noche la chica, tras realizarse una mamada impresionante haciendo que se corriera dos veces en su boca y que terminara meándose de gusto, le dijo que desde el primer día se había encontrado muy bien junto a él y que aquello podía perdurar durante el resto de sus vidas. El hombre, bastante sorprendido, tardó en reaccionar y un tanto confuso, se decidió a pedirle que viniera con él a España para vivir juntos. Elsa, muy complacida, le contestó que iría con él hasta el fin del mundo pero que tenían que casarse ya que, de otra forma, iba a tardar muchos meses, incluso años, en poder salir de Cuba. Angel la encomendó que se ocupara de preparar su boda con intención de casarse lo antes posible mientras él se encargaba de prolongar su estancia en Cuba. Al día siguiente apenas se vieron ya que Angel por la mañana fue al aeropuerto a despedir a Alberto que pegó un último repaso a su amiga en un water, lugar al que la mujer volvió y en esta ocasión acompañada por Angel en cuanto el avión en el que viajaba Alberto despegó con el propósito de que la “consolase”. La fémina sacó todo el partido que pudo de la situación haciendo que Angel se la follara hasta que, a primera hora de la tarde y sin tiempo para comer, comenzó a gestionar una prórroga de dos semanas más en su estancia en la isla encontrándose con toda clase de inconvenientes y problemas. Al final y a regañadientes, le autorizaron la prórroga al comprobar que el avión en que tenía que haber regresado a España había iniciado el viaje esa misma mañana con el asiento que debía de haber ocupado vacío. Cuándo regresó al hotel era muy tarde y como el restaurante había cerrado hacía un buen rato tampoco pudo cenar. Al entrar en la habitación se encontró a Elsa esperándole en la cama completamente desnuda. Viendo a Angel cansado y enfadado se mostró especialmente complaciente y mimosa. En cuanto logró que con sus tocamientos el rabo se le pusiera bien tieso le realizó una de sus habituales mamadas. Aunque Angel tardó más de lo habitual en correrse, Elsa se tragó unos cuantos chorros de leche antes de que, al sacársela de la boca, el resto la cayeran en la cara. Acto seguido, Angel se echó sobre ella y sin mucho entusiasmo se la “cepilló” hasta que se corrió abundantemente en el interior de su seta. Un poco más tarde, Elsa consiguió que, sin sacarla el rabo del coño, Angel quedara debajo de ella. Empezó a besarle apasionadamente mientras se movía lentamente, abriendo y cerrando sus piernas y esperó a que Angel la echara por segunda vez consecutiva la leche en el interior de su almeja y que, sin sacársela, se meara provocándola un orgasmo descomunal para decirle que lo tenía todo arreglado para casarse al día siguiente al mediodía. Angel pensaba en una boda rápida pero se sorprendió de que Elsa lo hubiera podido arreglar tan rápido mientras él se había encontrado con toda clase de problemas para poder permanecer unos días más en la isla. Elsa debía de tener pensado que Angel acudiera a su enlace matrimonial muy cansado y con los huevos vacíos puesto que, aunque la chica tuvo que sudar de lo lindo para lograrlo, el hombre la echó su leche en diez ocasiones y la mayoría dentro de su chocho mientras ella perdía por completo la cuenta de sus orgasmos. Su sesión sexual se prolongó hasta dos horas antes de su boda. Angel estaba completamente agotado y Elsa tuvo que ayudarle a ducharse y vestirse. El chico se durmió durante la corta ceremonia que supuso su enlace matrimonial y cuándo la chica lo despertó dándole un beso, se encontró casado con Elsa que, después de comer, pródigo aún más su actividad sexual hasta que Angel, que era incapaz de correrse más veces, la pidió una tregua de cuarenta y ocho horas para poder recuperarse. Elsa aceptó pero no dejaba de masturbarse delante de él e incluso se meaba encima de su rabo para excitarle pero Angel no estaba en condiciones de más sexo. El final de su tregua coincidió con el día en que Angel consiguió que permitieran a Elsa salir de la isla. Al volver al hotel se enteró de que, “por motivos de seguridad”, no podía permanecer más tiempo alojado en él por lo que Elsa se empeñó en regresar a Santiago para terminar de pasar allí su luna de miel. Como tenía que regresar a España en un plazo máximo de cinco días, Angel aceptó. A partir de aquel momento, Angel empezó a encontrarse con varias sorpresas poco gratas. Elsa le dijo que tenía un hijo y que el niño vendría a España a vivir con ellos. En cuanto llegaron a Santiago, Angel, muy contrariado, conoció al vástago de Elsa y a su hermana Rosa que había llegado la semana anterior tras muchos años fuera de su domicilio y después de lograr acabar su relación laboral y sexual con la lesbiana que había sido su última dueña y señora. Desde aquel día y aunque a Angel le molestaba su presencia, Rosa, aunque no tomara parte activa en ellas, estaba presente en sus relaciones sexuales lo que, al parecer, “entonaba” aún más a Elsa. Angel necesitó tres días para conseguir los billetes del vuelo de regreso por lo que, finalmente, tuvo que abandonar la isla de manera un tanto precipitada. Pero, antes de ello, Elsa se empeñó en que Angel pasara su última noche en Cuba con su hermana Rosa diciéndole que la chica tenía muchas necesidades sexuales y no deseaba que se satisficiera como una golfa. Aunque Angel no lo consideró muy normal, fue tanto el interés de Elsa que accedió. A Rosa, que demostró ser aún más viciosa que su hermana, la gustó que la echara en tres ocasiones unas abundantes raciones de leche dentro de la seta, que la diera varias veces por el culo aunque, con ello, la provocó unas cagadas impresionantes y hacerle una paja muy lenta. A la mañana siguiente Elsa se interesó por conocer todos los detalles de la actividad sexual que había llevado a cabo con Rosa y si su hermana le había dejado plenamente satisfecho. En el aeropuerto Elsa volvió a ponerse muy cariñosa y Angel se encontró con una nueva sorpresa al proponerle que Rosa se viniera a vivir con ellos. Aquello le pareció el colmo de la desfachatez pero accedió al enterarse que no iba a ser de inmediato puesto que la chica tenía que realizar un montón de gestiones tanto en la embajada española como ante las autoridades cubanas para salir del país lo que, además de ser difícil de conseguir, hacia que fuera algo a muy largo plazo. Antes de subir al avión Angel se vio obligado a dar a Rosa casi todo el dinero que le quedaba para que pudiera efectuar aquellos trámites y subsistir sin necesidad de prostituirse.

Mientras Rosa esperaba, en unas colas interminables, a ser recibida algún día en la embajada española en La Habana para poder obtener un permiso de residencia provisional, Elsa, su hijo y Angel comenzaron a vivir en España. Elsa no tardó en descubrir que aquí las cosas no eran ni parecidas a lo que se pensaba en su país. Pero lo que más la molestó fue que no la resultara tan fácil como en Cuba relacionarse con personas del otro sexo y menos cuándo existía un vínculo matrimonial por medio. Ello provocó que la tomara, especialmente, con las mujeres españolas de las que empezó por decir que eran altivas, envidiosas, falsas y sumamente hipócritas porque hasta a las viejas las gustaba lucir sus esbeltos tipos acudiendo con asiduidad a los centros de belleza y usando ropa muy ceñida, escotada y minifaldera para, luego, no querer ó no saber sacar partido a sus cuerpos manteniendo múltiples relaciones sexuales. Más tarde y tras observarlas con mucho detenimiento cuándo iba a recoger a su hijo al colegio, comenzó a llamarlas “calienta nabos” alegando que la mayoría de las féminas iban vestidas en plan muy elegante y sugerente pero que a la hora de llevar a cabo contactos sexuales se mostraban como unas estrechas, puritanas y recatadas que, en cuanto superaban los treinta y cinco años de edad, tenían mucho más interés por su vestuario que por el sexo sin preocuparse de satisfacer convenientemente a su pareja pero sin dejarle, tampoco, que se buscara otra mujer con la que desahogarse. Asimismo, la indignó que, mientras en Cuba el sexo anal fuera de lo más habitual en la mayor parte de las relaciones sexuales, aquí no se prodigara demasiado sobre todo porque buena parte de las féminas se oponían a que las dieran por el culo.

Angel, por su parte, se encontró con una nueva sorpresa al descubrir que Elsa no podía tener más hijos puesto que, en su momento, la habían efectuado la ligadura de trompas y aquello era irreversible. Cuándo se reintegró a su trabajo volvió a pasar la mayor parte del día fuera de casa y cuándo regresaba, alrededor de las nueve de la noche, solía llegar cansado por lo que, tras cenar y ver un poco la televisión, sus sesiones sexuales con Elsa eran mucho más breves de lo que la mujer deseaba. Angel, tras correrse una vez dentro de su coño y otra en su culo, la volvía a meter el rabo en la almeja y se meaba sabiendo que, al sentir caer el pis en su interior, Elsa llegaba al clímax. En cuanto se la sacaba la decía que con aquello era suficiente puesto que tenía que descansar para al día siguiente poder rendir en su trabajo. Sólo la noche de los viernes y los sábados su actividad sexual era más prolongada y a base de perseverancia, Elsa consiguió que los sábados y los domingos, al terminar de comer, Angel se olvidara de su partida de cartas con los amigos para mantener otro contacto sexual que el hombre se encargaba de que no fuera de demasiada duración. Pero en cuanto llegaba el lunes volvía a pasar mucho tiempo sola y como no disponía de amistades ni tenía donde ir, su deseo sexual iba en aumento. No la costó conseguir que un vecino suyo se acostara la mayoría de las tardes con ella pero el hombre se corría con mucha rapidez en cuanto la penetraba vaginalmente y tras echarla la leche, lo más que lograba era que la masturbara ó la comiera el chocho hasta que, después de varios orgasmos, Elsa se meaba de gusto cosa que al hombre le agradaba que hiciera en su boca, en su cara ó mientras se la follaba con el rabo bien introducido en su seta. El hombre la comentó que siempre había deseado hacerlo con una mujer extranjera y que le gustaba mucho más por ser mestiza lo que unido a que no tenía demasiadas relaciones sexuales con su mujer originaba que sintiera un gran placer en cuanto la metía el rabo y que no pudiera evitar echarla la leche con rapidez.

Un día al ir a recoger a su hijo al colegio vio que una madre demostraba mucho interés por el padre de un niño de corta edad que acudía al centro escolar. Elsa, con su mejor voluntad, se interesó por conocer si la gustaba y la mujer, visiblemente enfadada, la contestó: “¿a ti que te importa, golfa?”. Aquella contestación hizo que Elsa la dijera que era bastante evidente que estaba llena de deseos por tener un buen “nabo” dentro de ella. La mujer no hizo demasiado caso a semejante comentario pero cuándo Elsa la aconsejó que cuándo se acostara con ese hombre ó con cualquier otro se convirtiera en una autentica zorrita, la fémina pensó que la estaba insultando por lo que se revolvió contra ella y diciéndola que la única zorra que había allí era ella y que se fuera a follar a su país, se enzarzaron en una pelea en la que, aunque no tardaron en separarlas, ambas cayeron al suelo, lucieron sus piernas y sus bragas y Elsa terminó con el vestido desgarrado dejándola al descubierto la copa izquierda de su sujetador negro y saliendo del colegio ligeramente conmocionada. Pero, muy cerca de su domicilio, se encontró con Alberto lo que hizo que, tras contarle lo sucedido, se olvidara del incidente. Le invitó a subir a su casa y tras hacer que su hijo entrara en su habitación, se quitó el vestido roto y dejó que Alberto la despojara del sujetador y de la braga para tocarla hasta la saciedad. Elsa se puso muy caliente y no dudó en pedirle que la masturbara. El hombre se apresuró a complacerla y después de correrse varias veces, se meó abundantemente. Alberto se bebió una parte de su pis y mientras se ocupaba de comerla su empapadísimo coño, Elsa le propuso llevar a cabo contactos sexuales mientras Angel permanecía fuera de casa. Alberto aceptó encantado y esa misma tarde se la “cepilló” anal y vaginalmente. Elsa se apresuró a romper con su vecino diciéndole que, puesto que estaba casado, la echara la leche a su mujer. La tarde siguiente, Alberto la dijo que, aunque la iba a masturbar y a comer la almeja, no quería volver a penetrarla vaginalmente puesto que, entendía, que el meterla el rabo y echarla la leche dentro de su chocho era algo exclusivo de Angel y además a él lo que más le gustaba era dar por el culo a todas las mujeres con las que se relacionaba. Elsa, al no disponer de otra opción mejor, estuvo de acuerdo. La mujer le chupaba el rabo con esmero y ganas hasta el momento en que Alberto se la sacaba de la boca para echarla la leche en el exterior de su seta. A continuación, la daba por el culo durante mucho tiempo ya que, aunque la enculaba con movimientos rápidos, tardaba bastante en correrse pero cuándo lo hacía la echaba una gran cantidad de leche. La inmensa mayoría de los días Elsa se meaba mientras la daba por el culo y Alberto, a pesar de que necesitaba emplear casi tres cuartos de hora para ello, la echaba en dos ocasiones su leche haciendo que Elsa, que siempre había retenido perfectamente la salida de su mierda, no pudiera evitar cagarse en cuanto la sacaba el rabo y procedía a mearla el exterior del culo, con lo que, entre el pis de Alberto y la mierda de Elsa, lo ponían todo perdido.

La intensa relación sexual que mantenía con Alberto hizo que comenzara a sentir menos deseos de hacerlo con Angel por lo que los contactos que llevaba a cabo con su marido fueron disminuyendo en frecuencia. Angel, incluso, se sintió liberado de la opresión sexual a la que le sometía Elsa. Pero la situación empeoró cuándo, varios meses después, Rosa consiguió acabar con todos los trámites para poder salir de Cuba durante medio año. Elsa, en cuanto se enteró, empezó a atosigar a Angel para que la facilitara con suma rapidez un billete de avión con el propósito de que viniera a vivir con ellos cuanto antes. Pero su llegada y el que Elsa volviera a imponer que su hermana estuviera presente en sus cada vez menos frecuentes relaciones sexuales, disgustó a Angel. Elsa, por su parte, continuó relacionándose con Alberto que no tardó en exigir mantener contactos sexuales a días alternos con Rosa a pesar de que esta liberaba con suma facilidad el esfínter y en cuanto la introducía el rabo por el culo, se lo impregnaba en mierda y hasta que concluía su labor echándola por segunda vez la leche y meándose en el exterior de su trasero, tenía que sacársela varias veces para que en unas ocasiones se fuera corriendo al water y en otras, sin poderse contener, echara su cagada en la sabana de la cama. A Alberto le gustaba el coño de Rosa y viendo que se corría con suma facilidad y rapidez, además de comerla la almeja hasta la saciedad y masturbarla, le agradaba introducirla vaginalmente un consolador de rosca e incluso, algunos días, la realizaba un fisting vaginal para que se vaciara con mayor rapidez de flujo y pis. Con Rosa completamente entregada, remataba la función follándosela por vía vaginal y aunque tardara, siempre la echaba una abundante cantidad de leche.

Pero a Elsa la molestaba que Rosa la privara de relacionarse sexualmente con Alberto todos los días de lunes a viernes y al enterarse de que se la estaba follando vaginalmente hizo que su hermana contestara a todos los anuncios de contactos que encontraba. A través de uno de ellos dieron con un chico bastante agradable y simpático. Quedaron con él al día siguiente. Le conocieron, hablaron con él y como las gustó, Rosa empezó a salir con él, además de visitarlo con mucha frecuencia en su trabajo y para desesperación de su cuñado, llamarle por teléfono varias veces al día. Elsa no tardó en decirla que se prodigara en satisfacerle sexualmente pero la aconsejó que evitara realizarle mamadas; que siempre que la penetrara vaginalmente lo hiciera provisto de condón para lo cual la facilitó una caja grande de preservativos y que, a cambio de sus favores sexuales, le sacara dinero. Rosa, siguiendo las indicaciones de su hermana, comenzó a hacerle pajas en su trabajo sin que les importara que les viera una compañera que, con un tipo similar al de Rosa, la fue proveyendo generosamente de la ropa que ella no usaba. El chico respondía muy bien y aparte de echar mucha leche, la soltaba con tanta fuerza que más de un día cayó en la ropa de su compañera Esther y hasta en una pared situada lejos de donde estaban. Pero la necesidad de Rosa de ser follada vaginalmente iba aumentando y un día, subiéndose la falda, se sentó encima de él. Mientras se besaban no dejó de moverse notando que el rabo de Pedro, que así se llama el chico, adquiría con rapidez unas dimensiones excepcionales. Incorporándose, le ayudó a desnudarse de cintura para abajo para ponerle el condón y subiéndose, de nuevo, la falda, se tumbó encima de la mesa bien abierta de piernas. Separándose la parte textil de su braga de color rojo de la raja vaginal instó a Pedro a que follársela mientras Esther la mamaba las tetas. Pero el chico quería disfrutar de aquellos momentos y se lo hacía con movimientos demasiado lentos como para que ella, que deseaba correrse con rapidez, sintiera gusto. Rosa, desesperada, se incorporó y haciendo que Pedro se sentara en una silla, le cabalgó con movimientos muy rápidos llegando al clímax en pocos segundos y logrando que el chico se corriera, también con bastante rapidez, justo en el momento en que ella repetía. En cuanto Rosa se incorporó, Esther le quitó el condón y se ocupó de chuparle el rabo hasta que el chico decidió tumbarse boca arriba en el suelo para que Rosa, tras desnudarse por completo y colocarse en cuclillas debajo de la mesa con las piernas abiertas, le realizara una de sus habituales pajas al mismo tiempo que Esther le hurgaba en el ano y le acariciaba los huevos y el chico las masturbaba a ambas con dos dedos. Esther fue una autentica máquina corriéndose hasta que se meó. Pedro también se lo hizo de maravilla a Rosa que, sintiéndose extremadamente húmeda, volvió a alcanzar el clímax mientras veía como el chico echaba otra impresionante cantidad de leche y acto seguido, se meaba. Rosa le obligó a mantener sus dedos bien introducidos dentro de su chocho hasta que, unos segundos después, se meó copiosamente con lo que los tres formaron unos grandes charcos de pis. Rosa quedó tan sumamente complacida que las cabalgadas vaginales y las masturbaciones hasta que los dos se meaban de gusto se prodigaron en sus contactos sexuales aunque no tardó en encontrarse con un gran inconveniente como era el que, a cuenta de la actividad que desarrollaba con Pedro, el chico también se estuviera relacionando con Esther con la que Rosa no tardó en discutir y enfadarse. Un día, tras haber disfrutado de un orgasmo excepcional y sumamente intenso, aprovechó la meada del chico para colocarse en cuclillas de espaldas a él, meterse su rabo en el culo y cabalgarle analmente. Pedro, que se mostró gratamente sorprendido al ver que su gran “instrumento” había entrado por completo y con facilidad dentro del culo de Rosa, pensaba que no iba a ser capaz de volver a correrse pero la chica, a base de apretar sus paredes anales contra el rabo y acariciarle los huevos, logró que la llenara el culo con su leche mientras ella se meaba abundantemente. Lo peor fue que, sin darse cuenta de ello, se había cagado encima del chico y aunque a este no le disgustó, tuvo que limpiarle. La sesión acabó en el water en donde Rosa le sujetó el rabo mientras Pedro volvía a echar una de sus copiosas, excitantes y largas meadas. Desde aquel día, en cada sesión sexual que mantenían, Rosa alcanzaba más de seis orgasmos mientras que Pedro se corría tres veces, la primera vez con condón dentro de su seta mientras le cabalgaba; la segunda al masturbarse mutuamente con la paja que le hacía Rosa y la última, a pesar de que nunca faltaban las cagadas de la fémina, en el interior del culo de la chica que unos días le cabalgaba analmente y otros le hacía darla por el culo poniéndose a cuatro patas. Pero por si aquello no hubiera sido suficiente para Rosa, Pedro siempre solía ocuparse de comerla el coño durante un buen rato y le agradaba que la chica se corriera y hasta se meara en su boca. Elsa, no contenta con haber recuperado a Alberto para ella sola, siguió presionando a su hermana para que no dejara de pedirle dinero a pesar de que Pedro tenía muchos detalles con ella e incluso, la pagó ante la embajada de su país en España una prórroga de tres meses en su periodo de estancia. Rosa se encontraba muy a gusto con él pero había cometido el gran error de enfadarse con Esther e impedir que participara en su actividad sexual. El chico, por su parte, se equivocó al darla trabajo en su casa para que ayudara a su madre en las labores domesticas. La progenitora de Pedro desconfió desde el primer momento pensando, acertadamente, que su hijo y Rosa estaban liados por lo que la chica no permaneció más de una semana en la casa y después de echarla su madre, la relación entre ambos se deterioró por completo. Pedro decidió olvidarse de ella para irse a vivir con Esther que ocupa una vivienda junto a su escultural hermana María lo que hizo que comenzara a relacionarse sexualmente con ambas mujeres. En la actualidad, Pedro y Esther son padres de una niña de tres años y medio mientras que María, que luce un buen “bombo”, espera darle un nuevo hijo en las próximas semanas.

Rosa lloró durante mucho tiempo aquella pérdida y siempre consideró a su hermana culpable de que se hubiera producido. Su cuñado, bastante harto de ella, la dijo que para vivir en aquella casa tenía que llevar dinero y no tardó en colocarla como chica interna en una casa donde tampoco duró demasiado tiempo. Más tarde Rosa logró hacerse con un trabajo como ayudante de cocina en un mesón pero, como la desbordaba el trabajo, no superó el periodo de prueba. Angel decidió enviarla a su pueblo natal para que, viviera en una casa atendiendo a un matrimonio de edad avanzada al mismo tiempo que se encargaba de mantener otra vivienda cuyos propietarios sólo ocupaban los fines de semana. Parecía que aquello había sido un acierto pero como el pueblo es de poca población y no daba con nadie que pudiera satisfacerla sexualmente, decidió aprovechar las siestas del marido para acostarse con él mientras la mujer dormía sentada en un sillón delante del televisor. Al hombre le gustaba acariciarla todo el cuerpo y se mostraba especialmente interesado en tocarla el culo y mamarla sus grandes tetas pero no había forma humana de que el rabo se le pusiera tieso por lo que Rosa decidió echarse encima de él y restregar su almeja contra la entrepierna del hombre, que la solía meter un dedo en el culo para que sintiera más gusto al correrse, hasta que llegaba dos ó tres veces al clímax. Pero un día, su mujer, que se había despertado y se dirigía al water para mear, oyó a su marido decir: “me estás mojando, ¿ya te has corrido?” y pilló a Rosa en pleno orgasmo restregándose frenéticamente contra su marido que, a su vez, la apretaba una de sus tetas con su mano derecha y la hurgaba en el culo con dos dedos de la izquierda. Después de echarla tras más de dos meses desarrollando su trabajo de manera bastante satisfactoria, Angel entendió que aquello había sido un gran escándalo y que como no iba a ser muy bien recibido cuándo volviera al pueblo, lo más oportuno era que Rosa regresara a Cuba.

Elsa intentó disuadir a Angel de su propósito diciéndole que, si quería, podía convertir a Rosa en su esclava sexual y usarla a su antojo, incluso como water, pero su marido se limitó a darla un mes para que su hermana encontrara trabajo ó desapareciera de su vista. Elsa, después de decirla que se dejara follar sin condón con intención de que alguno la preñara, probó a relacionarla sexualmente con varios incautos que fue localizando en los contactos de la prensa diaria pero aquello no funcionaba y el tiempo pasaba demasiado deprisa. Como Rosa estaba dispuesta a todo con tal de no volver a Cuba, Elsa decidió prostituirla para conseguir dinero pero, aparte de que Rosa se negó a hacerlo con más “viejos verdes” y aquí no resultaba tan fácil como en Cuba hacerse con clientela Angel, en cuanto terminó el plazo que la había dado, la pagó un billete de avión para que volviera a Cuba y se ocupó personalmente de que su regreso.

Elsa, que es muy rencorosa, no le perdonó tal decisión y empezó por negarse a mantener ningún tipo de contacto sexual con él. Pero a Angel no le importó ya que su actividad sexual con Elsa era bastante escasa y llevaba un tiempo relacionándose con un compañero de trabajo, que era ciego, al que daba regularmente por el culo por lo que Elsa decidió que tenían que dormir en habitaciones separadas al mismo tiempo que, comprándose ropa de lo más sugerente, procedía a intensificar su relación sexual con Alberto que, aparte de follársela todas las tardes de lunes a viernes, la recibía en su casa la mayoría de las noches en cuanto Angel se acostaba. Elsa no tardó en conseguir que, diariamente, la penetrara vaginalmente.

Buscando vengarse de Angel no tardó en pensar en divorciarse de su marido. Como no disponía de dinero, se lo fue quitando, poco a poco, de la cartera y no dudó en efectuar una consulta sobre el tema con un abogado que la indicó que podía llegar a quedarse con la vivienda y parte de los bienes de Angel. Aquello era lo que deseaba pero para llevar a cabo su plan necesitaba dinero. Sin mencionarle sus verdaderos propósitos, recurrió a Alberto que se negó a dárselo alegando que su relación era exclusivamente sexual y sin ánimo de lucro pero la habló de que podía obtener el dinero si permitía que algunos de sus amigos la dieran por el culo ya que, como sus mujeres se oponían a que las penetraran analmente, estarían en buena disposición a pagar y bien por encular a una mujer guapa, mulata y aún joven como ella. No la gustó la idea pero, viendo que no tenía otra posibilidad, tuvo que dejar que la mayoría de las tardes y a distintas horas, dos ó tres amigos de Alberto la dieran por el culo hasta echarla la leche dentro. Necesitó más de cuatro meses para reunir el dinero que necesitaba para comenzar los trámites de su separación.

Angel, al que no había dicho nada, se sorprendió al encontrarse con una citación para tener un acto de conciliación con Elsa previo al juicio. Se puso muy furioso y la mujer intentó que se enfadara aún más para que la pegara y así tener todo a su favor en el proceso judicial pero Angel, juiciosamente, optó por irse a vivir junto a su compañero de trabajo. Unas semanas más tarde, en el acto de conciliación, Angel la ofreció una importante cantidad de dinero que Elsa aceptó por lo que la separación se tramitó como de mutuo acuerdo, el juicio fue rápido y Angel pudo conservar su domicilio.

Elsa y su hijo, mientras decidía si regresaba a Cuba ó no, encontraron alojamiento en casa de una mujer viuda que vivía con una chica muy joven. Al principio pensó que era su hija pero no tardó en darse cuenta de que no las unía más relación que la sentimental puesto que eran lesbianas. Elsa empezó a sentirse muy incomoda sobre todo porque su hijo las había visto muchas veces en plena actividad sexual. Un día el niño la comentó que las dos se habían meado en la cama a pesar de que ninguna de ellas tenía “pito”. La cosa empeoró cuándo la mujer viuda la propuso participar de manera activa en sus contactos sexuales. Aunque Elsa logró excusarse diciéndola que lo suyo no era, precisamente, el sexo lesbico, las dos mujeres empezaron a estar muy pendientes de ella cada vez que entraba al water para verla mear, cagar ó ducharse y echó en falta varias de sus bragas una vez usadas. Intentó un nuevo acercamiento con Alberto pero este, después de ver la que le había armado a Angel, no la dejó entrar en su casa. Elsa se dio cuenta de que, si seguía en España, la mujer viuda y la joven con las que vivía no iban a tardar en violarla y obligarla a intervenir en sus contactos sexuales a menos que quisiera que pervirtieran a su hijo y de que el dinero que había recibido por separarse de Angel tampoco la iba a durar mucho por lo que más pronto ó más tarde tendría que encontrar trabajo y comprarse una vivienda y al precio que estaban, sólo disponía de dinero para pagar la entrada por lo que aceleró al máximo su regreso a Cuba en donde, con aquel dinero, podía hacerse con una buena vivienda, disponer de todo lo que quisiera, vivir junto a Rosa y dejarse follar por quien la apeteciera.

Elsa y su hijo volvieron a su país unas semanas más tarde. Su hermana Rosa había comprado una mansión antigua y grande en La Habana. Desde entonces no se ha sabido nada más de ellas. Por lo que se refiere a la parte masculina de este relato, Alberto comenzó a salir y a relacionarse sexualmente con una chica joven con la que, sin descartar el casarse, lleva viviendo más de dos años y Angel, bastante escarmentado, no quiere oír hablar ni de mujeres ni de Cuba. Se encuentra muy a gusto viviendo solo y relacionándose sexualmente con hombres. Ha logrado formar una pareja estable con su compañero de trabajo ciego con el que, además, comparte una asistenta que se ocupa de mantener limpias sus respectivas viviendas y de que siempre tengan ropa limpia que ponerse.